Así se llama el libro de Claudi Alsina, quien asegura que el mundo "habla en números".
Galileo Galilei, como los cabalistas, creía que el mundo "habla" en números. Lo mismo cree el catalán Claudi Alsina, que enseña matemáticas en la Facultad de Arquitectura de Barcelona. Con un ojo puesto en los números y otro en los edificios, monumentos y ciudades que lo han fascinado en sus viajes, Alsina escribió "Geometría para turistas", editada por Ariel en España. Las catedrales europeas, las pirámides mayas y egipcias, los rascacielos, el diseño de los mapas del subte de Londres y Tokio, las decoraciones de la Alhambra, la numeración de las calles de Buenos Aires, los misterios de El Escorial, todo puede ser tema de discusión para Alsina.
Su obsesión es mostrar la belleza geométrica que tienen los edificios elegidos y revelar el secreto de su construcción, o sea, el principio que los hizo realidad. Por eso la "divina proporción" y el número de oro, los cuadrados, triángulos y círculos, reaparecen en esta inusual guía como "temas geométricos", o sea, símbolos, que el viajero puede entender.
Entre catedrales y rascacielos
Son muchos los ejemplos de esta pasión geométrica. Por caso, el número 3 es clave en la arquitectura del Palacio de Versalles, por la disposición de las habitaciones, la geometría de los jardines y las perspectivas de los senderos. El Escorial parece reproducir la planta arquitectónica del Vaticano y del templo de Salomón. La catedral catalana de La Sagrada Familia diseñada por Gaudí está asociada al número 12 -por el número de los apóstoles cristianos- que reaparece en todos los cálculos del edificio. El compás del tango es "2 por 4" y la figura del baile es un 8, o sea, todo remite a la figura de un cuadrado virtual, que Alsina asocia con el Aleph borgeano y la división de Buenos Aires en manzanas cuadradas. Místicos, geómetras y filósofos desde la época de los griegos Euclides y Platón trabajaron el tema de las proporciones. Así nació la creencia en el "número de oro" -la proporción 1,618- que se puede rastrear en obras de Leonardo da Vinci, Diego Velásquez, Piet Mondrian, Le Corbusier y Salvador Dalí. Esta proporción reaparece en el diseño de las catedrales góticas, dice Alsina. En la Francia de los siglos XII y XIII, los constructores de catedrales levantaron monumentos al poder de los obispos católicos -como la catedral de Chartres, o Notre Dame de París- sin saber mucho de aritmética, apenas con regla y compás, basándose en la figura del cuadrado y la proporción del número de oro.
"Una iglesia que fuese un rascacielos parecería un movimiento en la dirección correcta", dice Alsina, aunque aclara que no existen iglesias así. Pero la asociación parece válida. Ambas construcciones tienden hacia lo alto, se pueden leer como demostraciones del poder religioso y económico.
En términos arquitectónicos, dice Alsina, los rascacielos -como el Chrysler Building o el Empire State- se sostienen sobre columnas y un esqueleto de acero, las paredes sólo "envuelven" el edificio, no sostienen nada, a diferencia de las paredes tradicionales construidas desde el Renacimiento. En esto hay algo en común con el arte gótico: los constructores de catedrales recuperaron la sabiduría constructiva del arco romano y se lanzaron a montar bóvedas cada vez más altas, sostenidas por columnas.¿Pero cómo sostener paredes que, en gran parte, eran frágiles vitrales? Los constructores sabían de geometría y diseñaron los "arcos arbotantes", que descargan por afuera del edificio el enorme peso y liberan a las paredes de su función tradicional. Los que visitaban las catedrales creían que estaban sostenidas por la fe, pero ahora sabemos que estos edificios, como los rascacielos, son un tributo a la simetría.
Fuente: Eduardo Pogoriles para Clarín Turismo
http://www.clarin.com/suplementos/viajes/2009/09/27/v-02006862.htm